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Alvaro Barrios
Alvaro Barrios - Luna, Estrellas, Sueños y Basura - Galería Duque Arango

Alvaro Barrios

Luna, Estrellas, Sueños y Basura

El orbe de los sueños (con Marcel Duchamp)

Los Sueños con Marcel Duchamp de Álvaro Barrios son un referente del conceptualismo, aunque, más allá de eso, en esta serie de 99 sueños se abre un complejo universo de mundos paralelos y dimensiones que representan las constelaciones de una muy personal imaginación del cosmos que ha creado Barrios a lo largo de la prolífica producción de su carrera.

“Soñé que Marcel Duchamp había inscrito como obra suya todo el universo (incluidos todos los planos y dimensiones del universo) y un coleccionista muy rico había venido al universo para comprarlo”.

La elaboración de esta serie de pinturas comienza un día del año de 1980 cuando Barrios imprime serigráficamente, en hojas volantes, el rostro del padre del Ready Made, Marcel Duchamp, reservando unas líneas vacías a un lado, y escribiendo a mano, en cada una de ellas, un poema que expresa su devoción por los mundos oníricos: el estado de vigilia, donde parecemos estar más cerca de develar las máscaras donde el inconsciente se oculta, para dejar aparecer el sinsentido de un texto debajo del cual se esconde, ahora revelado, nuestro más puro y cierto ser, el ser de todas las cosas del incontable universo.

Barrios parece influenciado por el Surrealismo, aunque muy pronto es claro que su interés en lo onírico está centrado, no en resaltar lo absurdo de lo absurdo, sino en revelar el secreto de las cosas, de lo cotidiano de nuestras vidas. Sus personajes suelen ser caracteres robados de historietas gráficas, cómics, películas, de otras obras de arte de otros artistas, de la imaginación popular, de la memoria colectiva, en fin, de la cultura popular; pero lo que une a todos estos personajes y los sueños que los envuelven, es que pertenecen a la vida cotidiana de cada uno de nosotros, de lo que día a día constituye nuestra existencia, así sea en forma de la imaginación popular que recuerda los relatos de los héroes de la mitología, de la religión, o de la historia como novela de la creación política de los hombres. Aunque es claro que en el mundo de Barrios el eje central del sentido social es el arte. La cara opuesta e inversa de lo que la sociedad ha concebido como naturalmente serio.

Los artistas, los coleccionistas y la creación artística, son su piedra angular de la existencia. Algunos piensan como Barrios, que en el futuro solo existirán algunas profesiones muy contadas, además de la de ser inmensamente rico, y entre ellas se cuenta la de ser artista, creador de otros mundos dentro de este mundo.

“Soñé que todas las esculturas antiguas se reunieron un día en un parque de Nueva York. La ‘Artemisa Cazadora’, del arte clásico tardío, le decía a ‘Ready-made feliz y desdichado’ de Duchamp que fue deshojado por el viento en 1919-: ‘Verdaderamente los años pasan volando!’”.

Estos poemas/sueños hicieron parte del encuentro Modern Poets que tuvo lugar en el año 2008, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, a raíz de la exposición titulada Nuevas Perspectivas en el Arte Latinoamericano 1930-2006 en la que fueron incluídas algunas de sus obras pertenecientes a la colección del MoMA. Barrios fué invitado -para su sorpresa-, a leer 40 de sus sueños, no como artista plástico sino como poeta. Este reconocimiento de su obra dentro de la estética poética significó para el propio Barrios una re-significación del alcance de su trabajo. A partir de allí surgen nuevas posibilidades para la expansión estética de este proyecto. Y es que estos poemas que conforman los Sueños con Marcel Duchamp tienen esa expresión propia de los sueños en donde las palabras son “accidentes del sentido” como lo expresara Benjamin, para plegarse ante la presencia de las imagenes que bajo el texto asoman.

Las leyendas del sueño están pues, preñadas de imágenes. Tanto así que Barrios ha permitido que las imágenes tomen su lugar a partir de este trabajo seminal de Los Sueños con Marcel Duchamp para continuar con Sueños Ilustrados con Marcel Duchamp, de las cuales hace parte el conjunto de pinturas aquí expuestas.

“Soñé que ‘El nacimiento de Venus’ había sido pintado originalmente por Marcel Duchamp en una monedita sucia y ampliado posteriormente por Alessandro Di Mariano Filipepi, llamado ‘Boticelli’, sobre unas tablas recubiertas de oro para que los colores fueran más brillantes y estables”.

El tiempo y el lugar en estas obras hacen parte de una noción que Barrios nombra como futurismo arcáico: el retorno a un pasado un tanto nostálgico de las imágenes propias de la cultura popular de su infancia en los años cincuenta, para transcender a un futuro en ellas inmanente que se despliega como un presente al alcance de la mano, pero que aún no ha sucedido, como una suerte de memoria de lo que nunca ha de suceder, o de lo que no ha ocurrido aún.

“Soñé que habían pasado 5000 años y el arte era ya una cosa olvidada. Donde está hoy el Museo de Filadelfia había un taller de automóviles y la coleccion de Peggy Guggenheim en Venecia reposaba en el fondo del Canal Grande, congelado permanentemente por un hombre rico que había comprado la ciudad”.

El tiempo y el lugar en estas obras hacen parte de una noción que Barrios nombra como futurismo arcáico: el retorno a un pasado un tanto nostálgico de las imágenes propias de la cultura popular de su infancia en los años cincuenta, para transcender a un futuro en ellas inmanente que se despliega como un presente al alcance de la mano, pero que aún no ha sucedido, como una suerte de memoria de lo que nunca ha de suceder, o de lo que no ha ocurrido aún.

La presencia de Marcel Duchamp es por supuesto omnipresente en este mundo onírico, no solo porque su nombre es el pretexto para invocar la retórica de la imaginación de Barrios, sino porque sus obras se hallan flotando en los lugares mas insospechados de las pinturas. La Fuente, El Botellero, La Rueda de Bicicleta, El Preludio de un Brazo Roto… todas van apareciendo para completar el juego de apropiaciones sucesivas, o mejor dicho, de “apropiaciones recíprocas”, como las llamó el propio Duchamp artista y teórico del arte.

Los sueños con Marcel Duchamp son el resultado de la combinación de una serie de cajas dentro de cajas infinitas de apropiaciones de imágenes de la cultura, en donde a través de estas sustracciones a la cotidianidad del imaginario colectivo, de estos robos de las obras e imågenes de otros artistas, se construye un mundo en el cual el arte no se retira de la vida, sino, por el contrario, se funde con ella, de modo que nunca más sabremos dónde termina el arte y dónde aparece la vida.

“Soñé que tenía dos años y Marcel Duchamp había inscrito como arte mi cochecito de pasear, mi babero y una ventana de mi Casa que daba sobre un mar perfectamente azul y tranquilo. Años más tarde el cochecito fue arrojado al fuego, mi babero destrozado por un perro furioso y la ventana fue colocada en un hospital desde donde se veía un muro gris cubierto de humo”.

Este juego de apropiaciones es lúdico, alegre, en buena parte mediado por la frescura y el colorido que le viene en el ánimo a Barrios, aunque mas allá salta la irónica critica, la verdad que aflora, la inquietud de lo extraño, lo incómodo.

“Soñé que todo aquel que leía este sueño se convertía en una obra de arte de Marcel Duchamp cuando estaba dormido y una obra de arte de Rrose SaElavy cuando estaba despierto y una obra de arte mía cuando esté muerto”.

El “apropiacionismo” como estrategia en el arte contemporáneo es siempre paradójico, dado que en su naturaleza se encuentra la de ser un mecanismo de re-significaciones, una modificación del sentido original, una suspensión del orden y el contexto de donde la obra proviene. Es por eso que siempre nos asalta la duda de si la presencia permanente de las cosas de Duchamp en las operaciones artisticas de Barrios obedecen a una absoluta veneración o por el contrario obedecen a que no se lo toma muy en serio. Pues la respuesta es que ambas impresiones son correctas. El acto de la apropiacion en Barrios es un acto de insurreccion, y a través de esta operacion Barrios pervierte aquello que se roba, lo retuerce y lo transforma para introducirlo en su onírico mundo del inconsciente de nuestra cultura.

“Soñé que una reina había adquirido la obra ‘Fuente’ de Marcel Duchamp, para instalarla en el baño de un cocinero muy culto que ponía sus condiciones para trabajar en el palacio de Buckingham”.

La evidente influencia del cine y del cómic, -el de los años cincuenta, el de su infancia-, es también consecuente con la forma como procesamos las imágenes en los sueños; los cortes, las exageraciones, los saltos faltos de lógica en la construcción del dibujo, en fin, lo que llamamos fantasía, hacen de estas pinturas una serie de conjeturas discontínuas, rotas temporalmente, y plagadas de alusiones cotidianas que se antojan raras de un modo muy simpático: Barrios nos ha alterado la mirada y nos lleva de la mano por sus historietas poseídas del más allá, de lo que está en el otro lado del espejo, en el reverso de nuestra conciencia dormida.

– M Belén Sáez de Ibarra