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Ana Mercedes Hoyos
Ana Mercedes Hoyos - A ritmo de Palenque - Galería Duque Arango

Ana Mercedes Hoyos

A ritmo de Palenque

A pesar de tratarse de una obra en parte de denuncia, de diatriba, con relación a la situación de la población de ascendencia africana de Colombia y en general en el continente americano, el trabajo de Ana Mercedes Hoyos nunca produjo una sensación de tristeza, de aflicción o de congoja. Todo lo contrario, se trata de un trabajo que desborda alegría y vitalidad como es apenas natural tratándose de una raza y de culturas tan vivaces y festivas. San Basilio de Palenque, “el primer pueblo libre de América” fue el principal centro de atención de la artista, pero en realidad su trabajo hace referencia, por extensión, a todos los descendientes de la esclavitud que fueron traídos en las condiciones más humillantes a este hemisferio.

Las pinturas, dibujos y esculturas que se presentan en esta ocasión en la galería Duque Arango, más que una impugnación al respecto de hechos históricos irreversibles, constituyen una mirada a la esclavitud como punto de partida de culturas que empezaron a florecer a partir de su arribo al suelo americano, las cuales han crecido y se han desarrollado con un orgullo y una fuerza que han logrado permear e influenciar a la cultura dominante, enriqueciéndola en diversos aspectos que van, desde la culinaria hasta la danza, y desde la música hasta el vestuario.

Y es que la producción de Ana Mercedes Hoyos puede mirarse y analizarse simultáneamente desde muchos puntos de vista, por ejemplo, el socio-laboral, ya que muchas de sus obras hacen alusión al trabajo femenino en la sociedad palenquera, como son aquellas en que las vendedoras de frutas aparecen en el mercado (mientras que los hombres se dedican a la agricultura y la ganadería) ofreciendo sus apetitosos y lustrosos productos, o simplemente comentando los incidentes del día, obras de las cuales hay varios ejemplos, especialmente dibujos, en esta exposición.

Y ya que se mencionan sus dibujos, sea este el momento de señalar el manifiesto talento de Ana Mercedes en relación con esta práctica artística, llamando la atención acerca de cómo, a pesar de su calidad monocromática, hacen evidente una gran variedad tonal que es resultado de los distintos grados de fuerza o delicadeza, de impulso o cuidado con que ha sido perfilada la línea. En tanto que sus líneas, como sus pinceladas, son de largo aliento, continuas pero moduladas, arriesgadas pero seguras; líneas capacitadas para crear e insuflar volúmenes, para circunscribir o sugerir espacios y para plasmar escenas tanto simples y esquemáticas como complejas y barrocas.

Aparte de las implicaciones sobre la división laboral de la familia palenquera este tipo de obras revela también un particular, y podría decirse que ancestral sistema de cortar las frutas, reminiscente de las frutas de los bodegones cubistas (también de origen africano) por su contundencia y multiplicidad de puntos de vista. Además de permitir vislumbrar los conocimientos de Ana Mercedes acerca de la historia de la naturaleza muerta, modalidad artística en la cual lo importante no es la iconografía sino la manera en la cual se halla ejecutada al igual que sus implicaciones extra-artísticas, llama especialmente la atención la perspicaz manera en que la artista condujo estas representaciones a dejar atrás la presunción de autonomía que se identifica con el modernismo, contaminándolas de una causa social y orientándolas a profundizar en una problemática vigente y apremiante.

Estas palanganas o bodegones de Ana Mercedes algunos de los cuales se presentan en esta muestra tanto en dibujo como en pintura, son piezas de una extraordinaria presencia, en las cuales, junto con su intención de documento socio cultural, se hacen evidentes concienzudas consideraciones estéticas, por ejemplo en su cuidadosa combinación de formas y en su colorido vibrante como corresponde con el tema, pero también en el sentido de armonía propio del pueblo palenquero, puesto que, como bien lo expresó la artista:

Nunca me interesó un bodegón armado por mí, con los objetos o los comestibles artísticamente dispuestos para producir una imagen básicamente estética. Me interesó el bodegón de las palenqueras, porque si bien su ordenamiento tiene un cierto sentido estético, de todas maneras se trata de una herramienta de trabajo, de un arreglo de frutas a través del cual pueden vislumbrarse aspectos muy importantes de su manera de vida. Es decir, la pintura de los bodegones de las palenqueras ha sido siempre para mí, una manera de testimoniar un hecho cultural más que una manera de plasmar una composición artística.

Algo similar sucede con sus trabajos tridimensionales, con sus cabezas de negras, puesto que son tomadas de esculturas africanas (y de ahí su cercanía con las famosas esculturas del antiguo Estado africano de Benin) manteniendo de esta forma una autenticidad a toda prueba. Estas cabezas, sin embargo, en el transcurso de su concepción y elaboración, se han transformado en cabezas afrocolombianas, en representantes del pueblo palenquero, no sólo por el talante que les proporciona el contexto nacional, sino igualmente por los lazos que portan con manifiesta altivez y que en ocasiones les aportan una nota de color inesperada.

Estos lazos son también claramente una mezcla de la moda palenquera con tradiciones ancestrales, puesto que si bien algunas de las cabezas africanas lucen tocados, estos son diferentes de los lazos palenqueros. Y no sólo porque algunos de ellos sean una herramienta de trabajo en cuanto sirven como apoyo para las palanganas que las palenqueras portan en la cabeza, sino por cuanto su manera de sujetarlos, de elaborarlos y de lucirlos es claramente peculiar de las habitantes de esta población.

Así lo pone de presente además otro tipo de lazos que también representó Ana Mercedes y que hacen parte de esta muestra, los cuales no adornan las cabezas sino la cinturas de las palenqueras. Son lazos que hacen parte de las prendas seleccionadas para las fiestas de San Basilio, la celebración más solemne y destacada dentro de las varias festividades de la localidad; lazos de gala que resultan elocuentes acerca de las modas palenqueras, del gusto palenquero, de la elegancia palenquera, y a través de los cuales la artista hizo claro que su mirada a la afro-colombianidad no era de benevolencia sino todo lo contrario, de admiración, que para ella San Basilio de Palenque era (y por supuesto sigue siendo) ante todo, un pueblo victorioso a través de los siglos pese a las constantes arremetidas de la cultura hegemónica; un pueblo invicto como decía Ana Mercedes con una satisfacción inocultable.

Así lo pone de presente además otro tipo de lazos que también representó Ana Mercedes y que hacen parte de esta muestra, los cuales no adornan las cabezas sino la cinturas de las palenqueras. Son lazos que hacen parte de las prendas seleccionadas para las fiestas de San Basilio, la celebración más solemne y destacada dentro de las varias festividades de la localidad; lazos de gala que resultan elocuentes acerca de las modas palenqueras, del gusto palenquero, de la elegancia palenquera y a través de los cuales la artista hizo claro que su mirada a la afro-colombianidad no era de benevolencia sino todo lo contrario, de admiración, que para ella San Basilio de Palenque era (y por supuesto sigue siendo) ante todo, un pueblo victorioso a través de los siglos pese a las constantes arremetidas de la cultura hegemónica; un pueblo invicto como decía Ana Mercedes con una satisfacción inocultable.

Pero volviendo a las esculturas de cabezas de Ana mercedes podría decirse que hasta el bronce bruñido colabora con la artista pues a la vista y al tacto las piezas son reminiscentes del color y la tersura de las pieles palenqueras.

Son esculturas que transmiten toda la tragedia heredada, pero también toda la riqueza cultural enriquecida por generaciones, y que, por lo tanto, incitan a reflexionar acerca de la historia, del mestizaje cultural y de la relación entre sociedades con tradiciones y contextos diferentes. Son piezas, además, evidentemente realizadas con una estricta y minuciosa supervisión de cada detalle, de cada aspecto, de cada tono de sus pátinas, Se trata sin duda de las esculturas figurativas más logradas junto con las de Fernando Botero y las de Enrique Grau, en la hist0ria del arte moderno de Colombia.

Esta muestra de la Galería Duque Arango en conclusión, ofrece la grata oportunidad devolver a apreciar la pintura limpia y emocionada de Ana Mercedes Hoyos, sus espléndidas esculturas cargadas de dignidad y de historia y sus magníficos dibujos de línea grácil y fecunda. Es como si después de su partida, su obra hubiera seguido profundizando a ritmo de Palenque (es decir de percusión y de “marímbula”), en sus planeamientos sociales, creciendo en sus implicaciones, afinando su atractivo, e incrementando las muestras de destreza e ingenio de la artista, como seguramente lo seguirá haciendo para siempre.

– Eduardo Serrano