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Edgard Negret
Edgard Negret - Germetría Humanizada - Galería Duque Arango

Edgard Negret

Geometría humanizada

Geometría Humanizada es el título de la exposición de Edgar Negret que presenta la Galería Duque Arango la cual constituye un recorrido antológico por los más relevantes períodos de la obra del maestro. La muestra, además del inconmensurable talento del artista, de su inextinguible voluntad de innovación, de su sensibilidad a flor de piel y de su imaginación sin límites, pone de presente el carácter eminentemente humano con que Negret supo revestir, no sólo su atracción por la geometría y la escultura, sino su afición por el metal, las tuercas, los tornillos y las máquinas. Más que un ícono del arte colombiano y latinoamericano, Negret es una de las figuras más relevantes en la escultura del siglo XX a nivel internacional. Su obra representa un capítulo único, aunque con innumerables secuelas positivas, introduciéndose de manera ineludible en la historia internacional del arte moderno. Su trabajo, al igual que el de sus amigos, Elsworth Kelly, Agnes Martin, Robert Indiana, Louise Nevelson y Jack Youngerman, representa el momento en que, en plenos años cincuenta, los fundamentos del Expresionismo Abstracto, que reinaban sin retos, comienzan a ser cuestionados con argumentos como los suyos que incluyen, la reintroducción de la forma, la recuperación del control y de la precisión como valores expresivos, y una revaloración de la estructura en la producción artística, todo lo cual implica innovaciones de honda significación en el devenir de la modernidad plástica.

Negret confronta la geometría no sólo como un invento del hombre, como un desarrollo que enaltece al género humano, como producto de su inteligencia y voluntad, sino también como un recurso que debe funcionar primordialmente en favor del hombre que para el artista es la medida de todas las cosas. Y así puede comprobarse en esta exposición la cual hace patente que cualquiera sea su tema, siempre es la relación del hombre con su entorno, con su progreso o con su historia, la guía intelectual de la cual van brotando sus magníficas formas y sus fértiles sugerencias. Su geometría parece pasar invariablemente por un tamiz humanista que la hace cálida y festiva.

Si bien no hay duda de que el hombre moderno, de su época, es el objetivo y el motor de la obra de Negret, el artista nutrió y fue conformando su trabajo a través de reflexiones que involucrar temáticas disímiles como la máquina, el espíritu, la naturaleza y la expresión de culturas ancestrales. Negret, sin embargo, supo siempre armonizar este tipo de bifurcaciones de su pensamiento para construir una obra totalmente fusionada que hace parte de un proceso creativo continuo dentro de variables conceptuales sólidas, pero no por ello limitantes.

En su período formativo el artista realizó algunas esculturas de índole religiosa que revelan la influencia del entorno de su infancia, Popayán, su ciudad natal, donde es evidente una inclinación por algunos atributos del período barroco los cuales habrán de reconocerse igualmente aunque atemperados, comedidos, en buena parte de las obras posteriores de Negret. Pero después de viajar por Europa y llegar a Nueva York, el impacto del progreso, de la modernidad tecnológica, lo condujeron a una reflexión acerca de su momento histórico, de su contexto vital, y lo persuadieron a buscar una manera de expresión acorde con las características y circunstancias de la vida de mediados del siglo XX. No hay duda de que la obra de David Smith -quien empleaba partes de maquinaria agrícola en su producción- contagió al maestro Negret alentándolo a buscar en materiales como las láminas de hierro, las varillas y los alambres, es decir, en los materiales industriales, la base para una manera de expresión sin antecedentes.

En Nueva York, entonces, se dan los primeros pasos en la realización de la obra madura de Negret y allá se producirían muchos de sus aportes a la escultura moderna, entre los cuales se cuenta su introducción del aluminio como un material propicio para el trabajo escultórico del siglo XX. El aluminio tiene la connotación industrial y, por ende, contemporánea, que le interesaba, y además de ser maleable, ligero e inoxidable no demanda para su manipulación grandes ni complicadas maquinarias, prestándose admirablemente para la elaboración de sus Cohetes. Acoplamientos y Vigilantes, que, al igual que algunos elementos arquitectónicos como Escaleras y Puentes, empezaron a ocupar su mentalidad creativa.

Toma también entonces la determinación, por demás pertinente y efectiva, de utilizar tuercas y tornillos a la vista para ajustar los distintos elementos de cada escultura. Encuentra de esta manera un recurso no sólo seguro y coherente con implicaciones industriales de su tiempo, sino también un procedimiento claramente indicativo del proceso constructivo de sus obras; un método franco y acorde con los propósitos cada vez más particulares que se había trazado para sus incursiones en el espacio tridimensional.

Negret no interrumpió nunca su diálogo con los avances del arte y con los movimientos de vanguardia: su sistema constructivo a base de módulos en el cual lo inspiró la obra de Antoni Gaudí, es otra consideración suya indicativa de su ánimo investigador e innovador. Gracias a este sistema Negret articulaba los mismos elementos, aunque no siempre del mismo tamaño, consiguiendo con este proceder una ilusión de multiplicidad formal que coincidía con su interés por los efectos visuales del barroco. Y poco después comienza también a combinar su interés por la tecnología con la consideración de argumentos espirituales creando así una de las simbiosis más elocuentes acerca de las convicciones y circunstancias que se produjeron en la escultura moderna. No hay duda de que fue su investigación de la producción artística de las culturas indígenas, lo que llevó a Negret a reconsiderar las fuerzas y propiedades de la magia y del espíritu como ingredientes fundamentales de su producción y a trabajar en Kachinas, Máscaras y Templos.

Pero no todos los aportes de Negret a la historia de la escultura se produjeron en el exterior. Es claro que, a su regreso a Colombia, después de quince años de ausencia, la cultura del país, su naturaleza, su topografía e idiosincrasia, causaron una honda impresión en el artista y que, por ejemplo, las formidables cordilleras que surcan nuestro territorio, la vegetación exuberante del trópico, el marcado contraste entre la luz radiante de las zonas bajas y las nubadas atmósferas paramunas, tuvieron que ver con la volumetría que adquirirían sus obras, con su amplitud y expansión. Y así lo corrobora el hecho de que, poco después de su arribo, tomara otra decisión trascendental que se suma a sus históricas contribuciones al arte de la escultura. El artista arquea el material, lo curva y lo sujeta de los bordes, ideando de esta manera un tipo de escultura que permite apreciar simultáneamente sus áreas internas y externas – ¡viejo sueño de los constructivistas!

Además, con este sistema unido a los efectos de los colores, negro, gris, azul, rojo, blanco y más tarde el amarillo, los cuales ocultan no sólo el brillo y la dureza del aluminio sino también su temperatura y sobre todo su peso, Negret logra concederle a sus piezas una liviandad visual inesperada, una ligereza tal que el observador se olvida de las propiedades del metal y tiene la impresión de que pudieran elevarse.

Con este paso Negret reitera su profunda fe en el impulso constructivo como un medio tanto de ennoblecer como de significar la vida, al tiempo que hace explícita su concepción del espacio, no tanto como una esencia inagotable susceptible de ser delimitada y dividida, cuanto como un componente fundamental de la escultura. De ese momento en adelante el espacio no sólo habrá de fluir por entre los componentes de sus obras, sino que su escultura tenderá a hacerse envolvente, rodeando porciones del espacio mediante paradigmas y dividiéndolo al igual que la estructura de sus obras -sin incomunicarlo totalmente- en interior y exterior.

Es admirable que un simple gesto como ese de arquear el aluminio pueda abrir horizontes tan significativos e inesperados para el arte, pero de ese momento en adelante el interior de la escultura moderna deja de ser un misterio y se convierte en consideración primordial en su elaboración. Negret, sin embargo, no fue un artista dado a detenerse demasiado tiempo en sus logros sin nuevos retos a los cuales medirse con dedicación y entusiasmo. Y es así como en los años ochenta Negret toma dos decisiones que enriquecerán su trabajo visualmente y le aportarán nuevas connotaciones y sugerencias: aumenta sus colores con la aparición de tonalidades verdes, anaranjadas y moradas,
y hace más evidente las relaciones de su escultura con la naturaleza.

Si bien sus obras anteriores no apuntaban sólo al mundo industrial y científico, sino también a leyes de crecimiento orgánico y a estructuras geométricas y matemáticas que la ciencia ha demostrado que se encuentran a granel en la naturaleza, ahora el artista complementa sus metáforas sobre arquitectura y aeronáutica dando inicio a la construcción de obras como Soles y Lunas, Árboles y Flores, Cordilleras y Cascadas, piezas en las cuales las formas son mucho más evocativas de los temas que en sus trabajos anteriores.

Es más, en relación con algunas de estas obras puede afirmarse que Negret logra la unión de dos principios escultóricos tradicionalmente antagónicos, el constructivista y el organicista, puesto que, muchas de estas piezas podrían calificarse de figurativas, de totalmente representativas, sin que el material, su sistema constructivo ni sus patrones geométricos dificulten la descripción formal o el reconocimiento de sus rasgos.

Por otra parte, en la última etapa de su producción y en concordancia con su nueva actitud expresiva, Negret se interesa especialmente por la historia y por el mundo prehispánico, y comienza la construcción de piezas notoriamente recordatorias de objetos y construcciones Inca, Maya, y también de los hipogeos de Tierradentro. El color de sus obras explota ahora en una policromía sin antecedentes en la escultura moderna, como se hace manifiesto en obras como Bandera Inca y Fiesta Andina.

Simultáneamente con el incremento en los colores van aumentando los detalles de sus esculturas, semejando decoraciones murales, elementos ceremoniales o textiles, todo lo cual coincide con su inclinación por lo barroco. Su obra, sin embargo, permanece relativamente simple y diáfana, conservándose dentro del comedimiento y el control ya señalado, y manteniendo al hombre y sus propósitos y antecedentes como centro de sus pensamientos plásticos. Después de todo, la geometría sigue siendo la generadora de sus formas y la conductora de sus pensamientos.

Edgar Negret es sin duda el artista colombiano que más importantes aportes ha hecho al auge y logros de la escultura moderna, y así lo pone de relieve esta exposición en la cual se halla representada una buena proporción de sus ideas y realizaciones. La muestra hace claro que las contribuciones de Negret a la historia del arte fueron numerosas y de extensos alcances, y que su producción estuvo siempre en admirable sintonía con los desarrollos plásticos y sociales de su tiempo.

– Eduardo Serrano