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Efraín Zúñiga
Efraín Zúñiga - Antítesis - Galería Duque Arango

Efraín Zúñiga

Antítesis

Y llegó un tiempo, en el que el mágico sonido de la selva fue reemplazado por un ruido ensordecedor y monótono; afloró una nueva raza de bestias dentadas que tumbaron gigantes a su paso.

Visitar lugares cubiertos de selva, en los que el sol luchaba contra el intrincado dosel para abrirse paso hasta el suelo húmedo, pero que en la actualidad aquella contienda es insostenible por la ausencia de adversarios; charlas con nativos, artesanos y ebanistas, quienes afirman que en nuestro país, la madera de árboles robustos y centenarios es escasa o invisible en estos tiempos, teniendo que importarla desde tierras vecinas para satisfacer la voraz demanda humana; artículos de internet, con cifras poco alentadoras sobre multinacionales que irrumpen en territorios vírgenes para extraer hasta el último aliento de vida, dejando una estela de muerte y devastación; licitaciones abiertas al público, pero obtenidas bajo el escritorio por el mejor postor, como si los recursos naturales se pudieran subastar sin la aprobación de quienes ancestralmente han dependido de ellos para subsistir.

Todo lo anterior, sumado tal vez a otras razones por mí desconocidas, me ha llevado a detenerme por un momento y plasmar en el lienzo aquello que destroza mi alma, haciendo las veces de abogado, aquel que presenta ante un jurado la evidencia de un crimen para hallar un culpable. Sin embargo, más que hallar un culpable, lo que intento es hacer un llamado a la reflexión; enfrentar al espectador con una realidad que se vive en el paisaje circundante de aquellos resguardos de cemento que llamamos ciudades. Así como algunos hacen huelga de hambre y otros realizan marchas pacíficas, o hay quien incluso siendo ajeno a esta tierra ha llegado a mutilar alguna de sus extremidades como forma de rechazo, yo, desde la soledad de mi taller, también me manifiesto con las herramientas que un día insospechado decidí utilizar para sortear los avatares de la vida y ser feliz, con la certeza que en este oficio la felicidad y el éxito trascienden la fama y el dinero.

Así, paleta y pincel en mano sobre lienzos silenciosos y desprovistos de sentimiento, se concibe antítesis, como resultado de la indagación referente al desnudamiento de la tierra que acontece desde hace cientos de años y que en la actualidad ha puesto en evidencia la intrusión del hombre en la naturaleza de una manera significativa, con resultados nefastos para el planeta y claro, para nosotros también. Una contraposición de dos argumentos tan valederos que pareciera no haber reconciliación entre ellos. Por un lado, el progreso auspiciado por el hombre que camina a pasos agigantados, que todo lo devora como el cáncer que consume la fragilidad de un cuerpo humano, ya sea con fines lucrativos o caprichosos; por el otro, la resistencia de la naturaleza por no sucumbir, por mantenerse en pie y seguir ofreciéndonos paradójicamente aquello que le robamos, la vida.

Aquí dejo mi testimonio, con colores melancólicos, para que usted amigo espectador, avale o rechace, de cualquier forma yo gano porque seguiré pintando, rindiendo tributo a aquello que estamos ligados, el paisaje, ese que buscamos afanadamente un fin de semana para escapar de las demandas del progreso.

– Efraín Zúñiga Tovar