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Gustavo Vélez
Gustavo Vélez - Poética tridimensional - Galería Duque Arango

Gustavo Vélez

Poética tridimensional

La poética tridimensional de Gustavo Vélez

La escultura de Gustavo Vélez es un tejido único de dulces elevaciones, de flamígeras formas que, en sutiles silencios, se acercan a aquellos dioses milenarios que han sellado la cultura y personalidad del artista; y taller de un padre donde aprendió a respetar y dominar la practica artesanal. Sus obras son como balancines que parecen moverse con el viento, y en profundo descanso se apoyan sobre la tierra. Base tierra que es ella misma. Son mármoles, bronces, aceros, que en fértiles posibilidades perceptivas se ofrecen al espectador dispuestas a despertar sus memorias y recuerdos. Escultura altiva y serena, de fascinación sorprendente, cuyos preceptos formales y conceptuales no extravían la orquestación de su carácter volumétrico, ni tampoco la geometría dinámica que domina su configuración.

Si alguna vez Gustavo Vélez fue figurativo quedó en un pasado lejano. En este 2016 declara, «Hace 20 años mi búsqueda era lograr una identidad estética. Comencé con una pieza pequeña de 48 centímetros, abstracta, en la que quería disolver el cubo y volverlo movimiento, girar sobre un eje. Geometría dentro de la geometría». Como deseo creador cumplido ha «disuelto» el cubo, figura geométrica que interpreta plásticamente en metamorfosis abstracta. Hipercúbicos es el título de la serie que actualmente trabaja, como también lo es el concepto que plantea como argumento formal al hacer que el bloque cuadrado desdoblado desde su interior con «elasticidad» visual se proyecte hacia dentro y fuera de sí mismo en una acción de simultaneidad centrífuga y centrípeta.

Con pasos seguros, en sintonía con su época y en proceso mondrianesco de la figuración, Vélez gira hacia la abstracción. Poco a poco la línea figurativa pasó a ser línea abstracta e infinita. Partiendo de la libertad que le ofrece el análisis cuidadoso de los perfiles figurativos, decanta y reduce la forma a una expresión absoluta y esencialmente conceptualista. Decisión importante fue trasladarse a Italia en busca de sus sueños. El sueño de ser un escultor cuyo trabajo se considerará contemporáneo. No estuvo ni está solo. La circunstancia de situarse en lugar donde se confabulan ejes y coordenadas tridimensionales en la vida y obra de artistas internacionales le propició la posibilidad de desarrollar la habilidad, bastante extraña en muchos escultores, de extraer la natural esencia interna de un material y liberar su energía plástica. Para él, primero fue el noble mármol de carrara.

En la práctica, sus años formativos se ubican fuera de la zona de confort que le significaba su Colombia natal. Dos ciudades italianas, Florencia y Carrara, le abrirán un camino para perpetuar su talento para lo hecho con las manos, el espíritu y el corazón. A partir de bocetos preliminares, que sin embargo son dibujos autosuficientes como arte, y de acuerdo al material, al mármol lo talla, mientras que en otros diseña y modela, realiza esculturas que expresan un lenguaje plástico más curvilíneo que arquitectónico, biomorfico y flamígero en su configuración sensible, como el mismo artista declara en «líneas armónicas, en transparencias». Cada obra establece un diálogo íntimo con el espacio físico donde está anclada, o con el espectador que la mira y percibe en su desplazamiento alrededor de ella; aquí se eleva a un plano mayor de espiritualidad y dirigiéndose a un infinito abierto, es capaz de proyectar el don poético que le ha otorgado su creador.

En la obra de Vélez no aparece el efectismo de lo abstracto como aventura artística. El juicio y análisis de lo que le interesa le llevan a una operación de geometría sensible, no de una abstracción dura y estática, sino aquella del espacio dinámico generador de ideas, muy importante para los escultores de ciertas vanguardias históricas como Antoine Pevner, Naun Gabo, Kasimir Malevich y el siempre influyente Constantin Brancusi. Si bien la escultura de este artista colombiano es abstracta en su configuración plástico-formal, podría considerarse expresionista en el tratamiento de las superficies, de su «piel» con sus texturas y brillos exquisitos. Es la «piel» continúa que se modela en sinuosas e ilusionistas ángulos. Son obras poseedoras de interioridades figuracionales, y sin que haya descripciones temáticas, visualmente sugieren formas extraídas de la naturaleza, un ave, una espiga de trigo, una flor, una hoja. Así, una pieza se aprecia como «bella» de acuerdo a su expresividad en cuanto a sus ondulaciones virtuales y reales, que paradójicamente corresponden a la expansión vital de su aparente estaticidad y fragilidad, buenos ejemplos serían Astrazione (mármol negro de Bélgica, 2013), Silencio (mármol blanco estatuario de Carrara, 2016) e Ilusion (acero, 2016).

Las relaciones espaciales entre tensión y formas en la escultura de Vélez están dadas por una comunicación recíproca entre la configuración tridimensional volumétrica, las superficies intervenidas y la luz que sobre ella incide. En otras palabras, la solidez del volumen como estructura-forma de carácter abstracto es intrínseco al diálogo entre las superficies pulidas y las texturadas, por ejemplo, Hexahedro o Cyclus (ambas en acero, 2016). Es importante mencionar las esculturas que pertenecen a las series que propone el escultor, que, lógicamente, son versiones de una misma forma, pero la importancia estriba en que el material no define su estructura formal, es el artista quien, como dedemiurgo de su propia obra, hace que obedezca sus decisiones creadoras, ejemplo la serie Cubos (mármol blanco estatuario de Carrara, 2016). Igual que Brancusi, a Vélez le interesa y busca la esencia interior de la escultura, cuando la realidad actual del desarrollo del arte ha estimulado lo tridimensional de la naturaleza y contenido metafórico.

De acuerdo al concepto e idea que generan la propuesta volumétrica, en la intimidad del taller, Vélez se entrega a cada material con pertenencia y caricia creadora. En este sentido su testimonio es importante, «Hago muchos bocetos, pero busco la armonía de las líneas para que lo duro y pesado de los materiales, tenga un punto de delicadeza y transparencia. Creo que el reto es la delicadez, que la escultura se vuelva ligera y logre flotar en el espacio como una provocación a lo infinito». Vélez habla de bocetos, que como ya apuntamos son dibujos alrededor de una idea, en cuya acción inspiradora reside parte del impacto que la obra genera en el espectador, pues no se trata de una «receta» académica convencional. En el transcurso del trabajo se ve al escultor ligado física y espiritualmente a la pieza que «construye» en una segunda instancia como maqueta. El proceso creador está asociado al material que selecciona, a las ideas que lo originan y a una estética propia afinada a lo largo de su desarrollo. Así, con códigos plásticos, transforma este material en expresión tridimensional con las características plásticas académicas pertinentes a una escultura como obra de arte que se desarrolla en el espacio sin cargas dogmáticas ni propuestas preconcebidas. Consciente de lo que es y debe ser su escultura, lo más importante para este artista es el conocimiento predecible del resultado final. La liviandad, lo ligero y lo sencillo es parte compleja de su planteamiento estético, posiblemente regido por el axioma de Brancusi quien, en otras palabras, plantea que la «simplicidad es compleja en sí misma» y que el artista debe alimentarse de su esencia para comprender su valor. El escultor Vélez ha comprendido este valor.

Vélez asume el trabajo de las superficies del mármol, acero o bronce, por su hermosa brillantez, o por su textura de filigrana, como propuestas plásticas en la realización de una escultura cargada de una profunda sensualidad, casi erótica, que provoca abrazarla, acariciarla. Su intensa fuerza expresiva libera el valor metafórico que le es propio. Cada obra connota su identidad de acuerdo al material y la técnica, sin importar que haya pasado de un formato pequeño a otro de mayor dimensión. Por ejemplo, la escultura Cubo 1 tiene su modelo, igualmente ambas versiones tienen la contextura de obra monumental que ocupa y desaloja un espacio, habiendo en ella volumen, pero no masa, superficies y bordes, así como formas regulares e irregulares.

También en la serie Silencio, las diferencias de su superficie-piel se enriquecen por el contraste entre lo texturado y lo liso, lo opaco y lo brillante. De acuerdo a estas características se hace necesario un análisis desde el plano estético y no desde lo estrictamente formalista, pues como diría Brancusi «la belleza es la armonía de los opuestos». En definitiva, Vélez no trabaja con formas planas; en su riqueza metafórica plástica, la volumetría es una constante donde el talento del artista combina lo íntimo y lo poético de su trabajo a cualquier escala.

La condición de este escultor en estos tiempos presentes es trabajar en una orientación minimalista, sin aditamentos ni elementos accesorios. Despoja la materia de lo innecesario en un proceso de decantación para mostrar su potencial natural y convertirla en una entidad tridimensional autosuficiente como obra de arte privilegiada. Su lenguaje escultórico se centra en una relación simultánea de forma, espacio y tiempo, en donde el elemento luz juega un papel muy importante. La obra se eleva o se desplaza virtualmente hacia su exterior, y muta al ofrecerse en diversos ángulos de la forma única que Vélez ha creado, operación que se repite aún en las series que implican dos o más obras. La fuente de luz es importante. Dependiendo del ángulo lumínico que incida sobre las superficies, se visualizan diferentes matices y gradientes de claroscuro. Es como si utilizase un código cubista al ofrecer diversos puntos de vista en una misma obra; en consecuencia al girar el espectador alrededor de ella, percibe diferencias en una configuración externa que ofrece diversas versiones de sí dentro de una nueva identidad. Se trata entonces de una propuesta multidimensional de la volumetría y de una relación espacio-tiempo fenomenológica con el entorno y el espectador.

Gustavo Vélez, sin contradicciones explora el lenguaje de la forma abstracta y la multiplica en sus variantes plásticas para realizar cada vez una nueva escultura dentro de un mismo orden estético. Precisa siempre el escultor de un espacio donde poner a volar el resultado de sus devociones artísticas. Allí está su obra gravitando en los ámbitos de sus silencios poéticos para mostrarse revestida con el formidable esplendor de su belleza.

– Bélgica Rodríguez