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Omar Rayo
Omar Rayo - Rigor y sugestión - Galería Duque Arango

Omar Rayo

Rigor y sugestión

Se ofrece en la Galería Duque Arango una muestra de 22 pinturas al acrílico de nuestra colección traídas a Medellín. Podemos ver tanto la evolución de una obra que se mantuvo vigorosa hasta el fin como las características que la han hecho única e identificable durante los más de 60 años de la carrera artística de Omar Rayo.

Desde la muerte de Rayo hace cinco años, estamos estudiando su obra con nuestro curador Miguel González para descubrir las fuentes de su inspiración y develar el proceso por el que llegó a crearla. Presenta en cada una de sus etapas una variedad de propuestas estéticas y técnicas originales y sorprendentes. Demuestra además innovaciones de avanzada para su época. La obra de Rayo no es estática ni repetitiva; fluye a grandes pasos de una fase a otra. Se vincula con varios movimientos de vanguardia del siglo XX como el Surrealismo, el Op, el Pop y el Arte Conceptual, a la vez alimentándose de otras culturas y civilizaciones. Al mismo tiempo mantiene siempre su individualidad con una actitud abierta a la experimentación y a las corrientes intelectuales y estéticas de su momento.

En los últimos años de su vida, Omar Rayo se dedicó al Museo que había fundado en Roldanillo, Valle del Cauca, en 1981. Pintaba para exponer su trabajo reciente primero en sus salas. Ofrecía casi cada año una nueva serie de obras. Vemos algunas de ellas en Rayo, rigor y sugestión, una muestra de siete de las series pintadas después del año 2000: Criaturas abisales, Semillas del sol, Corteza del arco iris, Crisálida del arrebol, Mullidas huellas del viento, Vértigo de las nubes articuladas y Mateo’s toy. Como una de las características inconfundibles de este artista ha sido siempre el juego con elementos contrarios, podemos decir que se dedicó en esa década a la exploración del uso del color e igualmente, al contrario, del blanco y negro. Rayo es siempre tan abstracto como concreto, tan riguroso como sensual, tan místico como lúdico, tan claro como oculto, tan sombra como luz. Juega con sus propias contradicciones y esta dialéctica ha sido una de las constantes en su obra. Omar Rayo es inconfundible porque es un poeta del oxímoron. Podemos examinar cómo cada una de las series aquí representadas identifica a Rayo y cómo diverge de la obra anterior renovándola. Hay elementos descubiertos por el artista en los 50’s y 60’s, desde su viaje por Suramérica hasta su llegada a Nueva York de México, que persisten hasta lo último. Primero la maestría de las técnicas del dibujo y la caricatura que incluyen tanto la síntesis a través de la línea como la representación de la tercera dimensión a través de la sombra. Estas primeras enseñanzas se desarrollan junto con una verdadera pasión por el papel como soporte y como tema. Basándose en esto, el artista examina el efecto del sombreado o de la falta de él que conlleva la búsqueda de la ilusión del volumen en la pintura. Esto fue aplicado a la geometría que en otros artistas de los 60 tendía a ser hard edge y plana. El hallazgo de los lienzos irregulares como vehículo para las imágenes en los 60 siguió siendo una preocupación hasta el siglo XXI. Uno de los temas que nunca lo abandonaron eran las cintas dobladas, entrelazadas, tejidas, anudadas que formaban figuras tan geométricas como concretas. Otro motivo recurrente fue la “pintura modular” en que unidades básicas se combinan de diferentes maneras, formando una vibración óptica con la repetición de los elementos.

En el 2001, la exposición de pintura de Rayo en el Rayo se titulaba simplemente Pinturas en blanco y negro e incluía cuadros de varias épocas y también obra nueva. Fue en el 2002 que mostró la primera serie, las “Criaturas abisales”. El título demuestra el interés de Rayo por la poesía sugiriendo que su geometría no era ni pura ni racional sino metafórica, simbólica. Al hacer sus bocetos buscando la trama geométrica de las formas, pensó en el color como elemento constructivo y evocativo. Al elaborar las formas decidió investigar la gama de colores entre el azul y el verde, como el turquesa y el aguamarina, como elementos de la composición. Produjo pinturas con una variedad de estos tonos figuras voluminosas iluminadas por el uso de la sombra y definidas por una estructura en blanco y negro. El origen de la imagen poética del título fue un programa de televisión sobre las regiones abisales de los océanos. Mostraba unos seres que viven en la negrura absoluta de los lugares más profundos. Misteriosos y diferentes a todo, ciegos, transparentes y luminosos, la mayoría de ellos emite una luz propia azul. Otro referente eran las miríadas de azules y verdes del mar Caribe. Las pinturas muestran figuras que se asemejan a nudos, muchas flotan sobre un fondo negro, otras, más agresivas parecen tener exoesqueletos o brazos de aguamares; estructuras geométricas en negro. Aquí mostramos algunas. Para la exposición en 2001, Rayo expuso una mesa con botellas que contenían agua de diferentes tonos de azul y verde referentes a los tonos del Caribe: una obra conceptual. Creo que la poesía surgió del proceso de imaginar las formas con los tres colores y de encontrar en los peces de las profundidades, su reflejo. La metáfora no se impuso al descubrimiento de danza acuática de criaturas azules sino que surgió de ellas, primero fue la imagen y luego la palabra.

En el 2003, inauguró Semilla del sol, que contenía una analogía doble: el maíz sagrado de nuestras culturas indígenas y un viaje a la China donde supo que el color del Emperador, quien siempre pertenecía al signo del dragón —el mismo de Rayo— era el amarillo o el oro. En una de sus entrevistas Rayo dijo que le habían fascinado los colores saturados de la China y que estaba trabajando una serie con el color imperial. En nuestras culturas antiguas, el oro era del sol, el dios más potente y el maíz representaba las semillas o las lágrimas del sol. Desde muy temprano, aparecieron en la obra rayesca alusiones a lo precolombino. Como una serie de pinturas con nombres de las etnias de Colombia. Las imágenes geométricas, totémicas, hieráticas aludían tanto a las cerámicas y tejidos como a los pectorales y otros objetos de oro. Hechas de franjas dobladas, entretejidas o trenzadas, las Semillas del sol continúan la historia de este motivo en la obra de Rayo. Sin embargo, las composiciones divergen de las anteriores porque evocan sutilmente la imagen sagrada de la mazorca o el grano de maíz. Abstractas y concretas, las “Semillas del sol”, fueron expuestas con una planta de maíz en las salas del Rayo. De los ejemplos que mostramos aquí, varios son lienzos irregulares, formato que Rayo adoptó en los 60’s y que nunca abandonó.

La siguiente serie, del 2004 Corteza del arco iris, es multicolor. El título es otra metáfora curiosa ya que es una imposibilidad en el mundo real. Aquí es más claramente el esquema geométrico del cuadro que da origen a la imagen poética. El arco iris es diáfano, efímero y su geometría se limita a los arcos concéntricos. Las pinturas de esta colección son quizás más estructuradas que las Criaturas abisales. Contienen los colores en un tejido de líneas que incluyen el negro y que forman cintas con bordes blancos. Encierran el color en un diseño que pertenece a formas arraigadas en la tierra. Mientras que las imágenes de los seres abisales, las mazorcas de maíz y los pectorales precolombinos insinúan su estructura a la geometría, aquí Rayo inventa algo imposible: un arco iris sólido aprisionado en su propio color; paradoja visual.

Crisálida del arrebol, del siguiente año (2005) opera de la misma manera entre la posibilidad y la imposibilidad. Son otras pinturas multicolores. Aquí, Rayo ha eliminado las estructuras de rayas blancas y negras que bordeaban las cintas. Los colores siguen siendo franjas, superficies dobladas o nudos, que flotan sobre un fondo negro. Crisálida, es un homenaje a un fenómeno vallecaucano. Los colores del atardecer en Roldanillo son muchos más que los rojos, naranjas y rosados normales. Pueden adquirir tonos verdes reflejados de nuestra cordillera. La originalidad del concepto poético reside en la idea que el color de un atardecer se contiene primero como una mariposa en una crisálida que se transforma mientras deja traslucir los tonos que soltará cuando el sol se ponga. Es una de las series más líricas de nuestro artista. Las mariposas en potencia flotan y danzan, se enrollan y se desenrollan contra la oscuridad venidera.

Mullida huella del viento, y Vértigo de las nubes articuladas, del 2006 y 2007 son las más innovadoras de las series del siglo XXI. Las dos trabajan con el blanco y negro y buscan nuevas maneras de expresar el volumen ilusorio. La metáfora de Mullida huella del viento se refiere a la fuerza invisible que altera la superficie de las sábanas colgadas. En los intaglios de Rayo la huella es la imagen de objetos y figuras ausentes y ahora, la impresión del soplo invisible del viento. Aunque el artista fotografió aquellas sábanas en el patio de su casa, las pinturas de esta serie son geometrías que, como las “Volumetrías” del siglo 20, se ondulan o se abomban como las velas de un buque, se doblan como las puntas de las banderas o se rizan como el agua cuando el viento sopla. A diferencia de otras series, con la excepción Semillas del sol, vemos en Mullidas huellas, unos fondos diferentes: rayas detrás de rayas donde el sombreado crea el efecto de distancia. En Vértigo de las nubes articuladas vemos efectos ópticos muy marcados en composiciones modulares.

Mateo’s Toy del 2008 es multicolor. Su título no es metafórico sino literal. Son juguetes inventados por un abuelo mago para su nieto Mateo. Tubos, cubos, ringletes, estructuras fantásticas para los ojos de un niño. El Rayo ilusionista nunca ha estado más presente. Saca de su manga de hechicero objetos encantadores de otra dimensión. Combina rectángulos, cuadrados, triángulos, que son y no son reales. El tema del niño con su barquito de papel, su origami, su buscaniguas, su avión o su cometa se remonta a los años 50 en obras figurativas. Rayo hizo pinturas y grabados dedicadas a su hija Sara llamados Sarita’s Zoo y Saratoy. Lo lúdico es esencial a su obra y era él mismo el niño más presente en ella. El trompe l’oeil es una magia ilusionista que da origen a su arte óptico en igual medida que su contacto con los pintores cinéticos y op en los 60’s en Nueva York. Los aviones de papel, ringletes y buscaniguas de su infancia antecedieron a su descubrimiento del origami japonés al que dedicó mucha atención desde los 60s. Descubrió las cualidades del papel en la carretilla de un recolector protoecologista de Roldanillo y plasmó sus primeros dibujos allí. La originalidad de Rayo nació con él y creció en una infancia que el retoma una y otra vez durante su carrera artística ofreciéndola a sus seres queridos.

La última serie de su vida se inauguró en el 2010, seis meses antes de su muerte. Fue el escenario donde fue velado. Se llama Tizón, fósil del fuego y representa un retorno al rojo, un color dramático colmado de leyendas, símbolo de cosas tan contradictorias como tremendas. No presentamos obra de esta serie porque es el último movimiento de una gran sinfonía en la que se oye, hasta ese momento, el ritmo y la melodía de la vida.

¿Qué es entonces, lo que hace única la obra de Rayo? ¿Por qué sabemos que nadie más puede haberla creado? ¿Por qué fracasan sus imitadores? La idea para una de sus composiciones nace de un largo proceso de desarrollo. Cada cuadro contiene al siguiente en potencia. Más sabemos de la historia del arte de Rayo, más podemos identificar uno de sus motivos recurrentes y mirar en qué ha evolucionado. Nada en ella es arbitrario, sino que corresponde a un ímpetu creativo que depende de la mente, del alma y del corazón de su creador. La pasión es palpable en una obra de Rayo. Sus ojos y sus manos se entregaban a la tarea ardua de expresar su idea.

Vemos en los detalles inimitables, como la interacción de la luz y la sombra, la trama que el ojo puede seguir si la busca, la perfección del acabado, el elemento de misterio. ¿Sí existe esta criatura de color y de luz y sombra? ¿O es mi imaginación? En esta exposición se puede dialogar con un artista único, un ilusionista de la magia de las formas, Omar Rayo.

– Águeda Pizarro de Rayo