Artistas
Azull Martínez
Artista representado por Duque Arango
Egresada de la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar, Azull Martínez refleja en su obra una evolución constante que se adapta a las manifestaciones del mundo contemporáneo. Su estilo ecléctico fusiona color y emociones, creando piezas que cuentan historias y evocan recuerdos. Se inspira en sensaciones de calidez y humedad, y desea plasmar estas experiencias en sus lienzos.
Obras seleccionadas
Pregunta por la obra de Azull Martínez
Biografía
Azull Martínez nació entre los reflejos del río Sinú en Lorica, municipio de Córdoba conocido por sus casas de tejas coloniales y una arquitectura que guarda la memoria de otra época. Desde los nueve años, Azull acompañaba a su abuelo a tertulias, donde aprendió a ver el mundo desde el interior de espacios cargados de historia y conversación. Cuando encontró en casa de sus abuelos álbumes de fotografías familiares en blanco y negro, algo se le reveló: ese sentimiento de añorar algo que ya pasó. Así integró la fotografía en sus primeras obras, y así apareció su abuelo como personaje central, dando inicio a la estética que define toda su obra: figuras en escala de grises inmersas en ambientes de color.
La vida llevó a Azull a Cartagena de Indias, una ciudad que en un comienzo le resultó extraña. La distancia emocional se fue cerrando cuando comenzó a recorrer el Centro Histórico con los ojos de quien busca una pieza perdida de su corazón: en los balcones de madera, los arcos desgastados por la brisa salina, las fachadas coloridas y los patios ocultos tras portones robustos, encontró ecos de Lorica.
Su lenguaje visual se funda en una decisión formal que es también una declaración teórica: las figuras humanas aparecen siempre en blanco y negro mientras el espacio que las rodea arde en colores fuertes y cuidadosamente planificados. Cada color tiene la función específica de evocar una emoción, un momento, una temperatura del tiempo.
La obra de Azull Martínez representa una de las apuestas más coherentes y originales de la nueva generación de la pintura colombiana: una propuesta en la que la nostalgia no es debilidad sino motor creativo, y en la que la arquitectura colonial se convierte en soporte de una reflexión sobre el tiempo, la identidad y la pertenencia. Su elección de mantener el cuerpo humano en escala de grises mientras el mundo que lo rodea resplandece en color no es solo una estrategia formal —es una filosofía de la existencia.