En negro: figura y luz

7 noviembre, 2025
En negro: figura y luz, Daniel Estrada | Galería Duque Arango

La fotografía, como disciplina estética, es quizá uno de los lenguajes visuales más complejos, pues responde a las necesidades de creación, documentación, y permanencia. Desde la técnica, su complejidad se mistifica al lograr lo que en algún momento parecía fábula o brujería: fijar lo efímero, contener en un fragmento de luz la totalidad de un tiempo que ya no existe. En ningún momento el fin de la fotografía como rama artística es meramente reproducir el mundo visible, pues por medio de la cámara como instrumento, el artista lo interpreta, lo interroga, lo reordena. 

La tradición fotográfica es un ritual que condensa la liturgia del acontecimiento: el gesto, la mirada, la fugacidad en tránsito. Ningún otro medio ha logrado convertir la experiencia en evidencia con tal grado de exactitud simbólica; es el medio más objetivo y fugaz, la inscripción luminosa de aquello que fue, ya no es, pero siempre será.

Las obras reunidas en Duque Arango Contemporáneo componen una secuencia visual que honra la materialidad técnica de la fotografía; en ellas conviven lo moderno y lo análogo con lo exterior y lo íntimo en un proceso que recuerda a los impresionistas por su afán de capturar no el objeto, sino la vibración atmosférica que lo envuelve y el significado que lo compone. Daniel Estrada despliega un amplio registro pictórico a través de cuatro series que permiten contemplar el estudio del movimiento, de la forma y la traducción de la luz en materia sensible, otorgándonos una exposición fotográfica como experiencia perceptiva, como una pintura hecha de tiempo.

En El baile del caballo español, el artista examina el cuerpo ecuestre desde la elegancia de la doma: cada músculo, cada línea de tensión, se revela en una composición que alterna precisión formal y lirismo. Hay un eco de los estudios de movimiento de Eadweard Muybridge, también una lectura barroca del cuerpo en tensión, más cercana al dramatismo de Goya o al dinamismo escultórico de Marino Marini.

En negro: figura y luz, Daniel Estrada | Galería Duque Arango

En Paseíllo de embestidas, Estrada lleva esa energía a un territorio más intenso: el cuerpo en trance, la inminencia del choque. Aquí, el Claroscuro se usa como el eje discursivo de la imagen. Esta técnica, heredera de la tradición Renacentista, se vuelve un lenguaje que usa la luz como elemento estructural, que no describe, esculpe. La atmósfera se vuelve la protagonista en el momento que revela y acentúa la intención del gesto; la composición despoja la escena y lo que a primera vista parece ausencia es, en realidad, la condición de posibilidad de la imagen.

En negro: figura y luz, Daniel Estrada | Galería Duque Arango

En Malabar ocurre un cambio disruptivo que fractura el lenguaje general de la exposición. La ruptura comienza en el momento que la imagen se desprende de la narrativa figurativa para devenir abstracción geométrica que construye una sintaxis visual más cercana al pensamiento que a la representación. Este gesto dialoga con una larga tradición del arte geométrico en América Latina, donde la forma pura, el ritmo y la estructura han sido entendidos como medios de emancipación estética y de autoconocimiento, que ponen al artista y su obra en una mirada de subjetividad e interpretación. 

En negro: figura y luz, Daniel Estrada | Galería Duque Arango

Por último, Camino al paraíso marca un punto de inflexión. La figura animal se disuelve en el paisaje, y el movimiento detona espiritualidad. La técnica de impresión sobre papeles de algodón, genera una textura leve que sugiere distancia, memoria, levedad. En esta serie, etérea, suaviza la mirada con movimientos bruscos congelados en el fotograma.

En negro: figura y luz, Daniel Estrada | Galería Duque Arango

El rigor técnico y la coherencia formal que atraviesan estas series no buscan una perfección estética, sino una claridad conceptual; la precisión en la toma, la elección de materiales y la visión misma del artista son simples vehículos de una meditación sobre el acto mismo de mirar. Por eso, no es desacertado argumentar que la fotografía artística más que una huella de lo real, es una reconstrucción de la experiencia del tiempo.

Verónica Hoyos Giraldo

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