Fibra Adentro es la primera exposición individual de Alejandra Aristizabal en la Galería
Duque Arango y un paso hacia una nueva etapa de madurez en su práctica artística. La
muestra se compone de esculturas orgánicas e instalaciones textiles que remiten al proceso
y las historias detrás de un único protagonista: el fique.
Esta es una fibra textil de origen andino y una de las fibras naturales más importantes de
Colombia, utilizada tradicionalmente para fabricar costales para la exportación del café. En
la exposición, es esta materia la protagonista de cada una de las esculturas y el hilo
conductor de todo el proceso de la artista. Este comienza en las cosechas de fique, donde
los artesanos que cultivan la planta y resisten ante la industrialización de sus procesos, el
reemplazo del fique por fibras sintéticas y su bajo precio en el mercado. Esto se yuxtapone
al gran trabajo de cultivo, extracción, lavado, secado y peinado que los artesanos realizan
con conocimientos transmitidos entre generaciones y que también se honran en esta
exposición como parte del proceso detrás de las piezas. La transformación de la fibra
prolonga el recorrido de unas manos a otras y encuentra, en la práctica de Alejandra,
nuevas posibilidades.
Estas reflexiones son lo que se esconde dentro de la fibra de cada una de las obras. Hay
una clara intención estética en el resultado final, pero su factura y composición geométrica
son solamente el punto de entrada a la obra. Detrás hay una búsqueda personal de la
artista por reconectar con Colombia y la intención de reconocerse a sí misma en el gesto
repetitivo del amarre. A través de recuerdos de infancia y la necesidad de reencontrar su
esencia personal, el fique aparece como parte importante de ese proceso en el que el costal
se convierte en un depositario de memoria y el proceso manual, en una relación personal y
obsesiva con el material.
Es importante para esto escuchar el comportamiento de la fibra. Alejandra aprende de la
longitud, las curvas, los enredos y el movimiento del fique. El gesto de amarrarlo y
contenerlo no solo crea segmentos de color que contribuyen a la composición, sino que
también implica decisiones conscientes en las que envolver y sujetar permiten construir un
cuerpo casi autobiográfico. El gesto repetido produce volumen, ritmo, color y sostén, pero
también documenta la relación de tensión entre la artista y el material. La fuerza, el soltar, el
dejar ir.
Una vuelta sobre otra, la forma adquiere densidad y el tiempo del trabajo queda inscrito en
ella. Peinar, separar, unir y envolver son acciones que exigen paciencia, concentración y
fuerza física. El cobre y otros metales introducen color y contrastes entre las superficies,
mientras el amarre establece una estructura que reúne las hebras y permite sostenerlas. En
ese proceso, Alejandra decide hasta dónde contener la fibra y dónde dejarla ser.
La práctica de Alejandra demuestra un dominio técnico y un cuidado del detalle que hacen
de la superficie un lugar de atracción. La sofisticación del tratamiento del color convive con
la textura rústica del fique, abriendo una tensión entre el acabado de la obra y el esfuerzo
que contiene. Allí aparece una posibilidad de expansión de su lenguaje: hacer que la
belleza de la fibra conduzca también hacia las historias y las condiciones materiales que la
atraviesan.
Por otro lado, en el espacio también encontramos una serie de esculturas que hacen
alusión a los costales de café tradicionales y al trabajo manual detrás de ellos. El cemento
que los rellena los dota de estructura, pero también crea un contraste entre la aparente
blandura del fique y la rigidez de su interior. Su paso al volumen y al suelo recupera el peso,
la acumulación y la relación corporal con este objeto, y nos lleva a preguntar qué contiene,
qué transporta y qué memorias moviliza.
Ir fibra adentro es acercarse a todo aquello que cada pieza reúne: las manos que trabajan la
planta, los recuerdos que regresan con ella, el esfuerzo, la relación con el color y la forma, y
los vínculos que se construyen en ese proceso. El gesto de transformar la fibra también
transforma a quien trabaja con ella.
-Josseline Pinto, curadora

