Entre el mármol, el bronce y el acero pulido, el paisaje y el espacio se animan, en el verano de 2026 en Pietrasanta, con una tensión sorprendente. Persiguiendo el movimiento invisible del aire, del agua, del viento, las esculturas de Gustavo Vélez ganan un desafío que es a la vez poético y formal: transformar la gravedad de la materia en una experiencia de ligereza.
En una continua metamorfosis de llenos y vacíos, las esculturas se expanden y se lanzan hacia lo alto, suspendidas en un momento de equilibrio entre múltiples dimensiones. La perfección formal del cuadrado y del círculo que en él se inscribe es el punto de partida y al mismo tiempo de llegada de este recorrido donde la geometría nunca es una fría abstracción, sino un principio para crear materia viva, atravesada por la energía y el movimiento.
En Pietrasanta, laboratorio creativo y lugar predilecto de Vélez, este equilibrio adquiere un significado aún más profundo. Es el equilibrio entre el mar y la montaña, entre la horizontalidad móvil del agua y la verticalidad poderosa de los Alpes Apuanos; entre la fuerza de la piedra y el fluir cambiante de la luz y del viento; entre la tradición de la excelencia artesanal y el lenguaje contemporáneo. Es aquí donde las esculturas de Gustavo Vélez, buscando, en la frontera entre el peso y la ligereza, las dimensiones del equilibrio, nos ofrecen a todos nosotros la percepción de la libertad.
Francesca Sborgi
Curadora de la exposición

