La obra más reciente del artista Andrés Moreno, exhibida desde el 21 de mayo hasta el 6 de julio de 2026 en la Galería Duque Arango, es una selección de 40 piezas que nos susurran a través de una voz tímida y arrugada, entre los márgenes y los pliegues. Con variedad de técnicas, desde pinturas al óleo en mediano y gran formato hasta esculturas en lámina de cold rolled, resina y madera, el artista nos traslada hasta su mundo de tesoros y desechos. Diario. Continuidad. Rutina. Tedio. ¿Cómo escapar? ¿Cómo huir de él?
El espejo es testigo. Epitafio. Una separación. Un sepulcro. Crear desde el vacío, desde la ausencia. ¿Y si fuese lo contrario? ¿Desde la satisfacción? ¿Desde la prosperidad? ¿Cómo luciría?
Plenitud. Anticipación con certeza.
Intentar controlar el azar. Engrandecer los accidentes. La manipulación de un formato, de una fórmula, que podrían considerarse los más convencionales. Modificar, moldear. Alterar las dimensiones y las formas para salir de esa superficie restringida. Juegos de niño. Sueños de antaño. Arrepentimientos de adolescente. Los detalles. Siempre procurando que las cosas salgan perfectas en el arte porque es realmente difícil que lo sean en la vida.
Tropas de estatuas erguidas nos vigilan desde las plantas de una indimidad inocente. Domesticidad. Metales fríos, rostros familiares, gestos divertidos. Descomplicados. O eso pareciera. Todos una historia, una anécdota preciada. Diminutas criaturas uniformadas. Incontables. Existiendo en un ecosistema infinito y diverso que continúa creciendo con la carrera del tiempo. Que nunca dejará de hacerlo. Los frentes de este ejército atesorado defendiendo con determinación un sueño de ayer.
Al estrellarse el sol contra un horizonte aterrador, se funden universos en el firmamento. Y es el momento más temido y frío del día. Abandonados por los estímulos, nos enfrentamos indefensos ante nuestros propios pensamientos. ¿Sabes lo difícil que es conciliar el sueño cuando es lo que tienes que hacer? No queda sino esperar una mañana que arderá con calidez. Un espectáculo.
Otro tipo de dolor.
Anhelos que cruzan los océanos bajo la custodia de cielos pasteles. Añorar tocar el tibio vapor de las nubes con la yema, con la llama de los dedos. Perseguir con ansias y emoción el rastro de algodón de azúcar que deja atrás un avión de papel. Fugaz como las estrellas. Indelebles despedidas. Las heridas. Huellas perforadas y atornilladas. Lápidas. Cicatrices. Registros. Recuerdos.
Siempre contigo.
Lorenza Rodríguez
Galería Duque Arango
Carrera 37#10A 34. El Poblado, Medellín
info@galeriaduquearango.com

